



Aunque a primera vista, todos estuvimos de acuerdo con las palabras dichas por Paulo Autuori en marzo de 2005, convendría hacer un breve análisis. La Federación Peruana de Fútbol es un ente privado y, como tal, tiene el derecho de suscribir contratos con quien desee y que las cláusulas de dichos documentos se mantengan en privado. Pero es igualmente cierto que la selección nacional de cualquier país, aunque representa a su Federación Nacional, es percibida por los hinchas como un asunto público. Esto lo entiende muy bien Marcelo Bielsa. Refiriéndose a los carabineros, la policía chilena, así declaró el entrenador de Chile a días de asumir su cargo en agosto de 2007. (Continuar leyendo>>)




¿Hizo bien el ‘Loco’, hizo mal el lateral, qué piensan ustedes? (Continuar leyendo>>)
Yo estuve allí y también lo recuerdo. 30 de junio de 1985. La tarde en que fuimos mejores que Argentina. (Continuar leyendo>>)






No debe haber un fútbol que soporte ironías más crueles que las que soporta el fútbol del Perú. Aquí la última. La tanda final de partidos de la Eliminatoria —que tendrán nulo valor competitivo, porque somos los muertos del torneo— serán el magro escenario del retiro de los dos jugadores más importantes de los últimos años: Palacios y Solano. El “Chorri” y el Ñol. Un par de talentosos en serio que se van sin dejar herederos y en medio de la peor coyuntura que les pudo tocar. Si hay alguien que merece un pomposo retiro de la selección, son ellos dos. (Continuar leyendo>>)

La hazaña de Cienciano es demasiado importante para la autoestima de los peruanos. La expectativa aumenta ante una copa internacional. Más si se trata de la Sudamericana. Aunque se pierde capacidad de análisis. Los futbolistas se agrandan, los periodistas tocan el bombo y los hinchas se entusiasman. Como si el solo hecho de cruzarse un equipo argentino signifique victoria. Todos queremos ganar, pero en alta competencia, los resultados no son una casualidad sino una consecuencia. (Continuar leyendo>>)



Kaká. Dio una lección de cómo y para qué hay que mover la pelota. Desplegó su enorme repertorio y empequeñeció a todos los rivales argentinos. Mostró una notable visión de juego. Buscó al compañero, puso pases de gol, tiró la individual y, por si fuera poco, tuvo resto para presionar y recuperar balones. Cuando le pegaron duro, respondió con una sonrisa. (Continuar leyendo>>)

Y no lo digo precisamente por el partido del 69 con Argentina en la Bombonera (episodio notable que ha sido recientemente removido de las estructuras mismas de la prehistoria futbolera, con una pose de excesivo entusiasmo, si me permiten una opinión). Lo digo por el partido de esta tarde con Uruguay, ateniéndome a los últimos antecedentes de los enfrentamientos con el equipo de Washington Tabárez. En junio del 2007, Perú le ganó 3-0 a los charrúas en la Copa América de Venezuela. Todos, como siempre, nos computamos campeones. Exactamente un año después (junio, 2008), Uruguay nos hizo 6-0 en Montevideo por las Eliminatorias. ¿Nuestra reacción? La típica, a dos tiempos: primero, un sincronizado rasgamiento de vestiduras; después, una oleada de indignación colectiva. (Continuar leyendo>>)